5 de septiembre de 2008

La mujer de aire


Eran momentos difíciles. Mi esperanza agonizaba en los labios de la noche; y todas las noches abrían sus ventanas a la desesperación acumulada. Me sentía como una mujer que acabara de dar a luz y sin embargo se siente sola.

Veía a todos aquellos jóvenes con las miradas esponjosas, agolpados a las puertas de los bares, como una procesión de miserables de belleza desapercibida. Bebían...bebían...beber no era la peor de las opciones...pero, ¿se harían las mismas preguntas que yo?.

A última hora entré en un local y la ví al fondo de la barra; estaba sóla; ¿y quién no?. Casi era transparente; la invité a una copa. Casi sin darnos cuenta, estábamos bailando, exageradamente ceñidos el uno al otro, como si ninguno de los dos tuviera otra cosa, como si no fuéramos el uno para el otro nada más que una de esas tablas de los restos del naufragio.

"Tengo cáncer", dijo."
¿En el alma?".
"En el estómago".
"Entonces no es contagioso".

Y bailamos, a la deriva, en aquel metro cuadrado de mierda, hasta que fué tan tarde que era temprano.

Ya en su casa, sin saber nuestros nombres, nos amamos a quemarropa, furiosamente, más mordiéndonos que besándonos. No fué como cuando quieres a una mujer, y le haces el amor con la delicada parsimonia de abrir un velero en una botella. Nos dejamos arrastrar por la pasión de la primera vez y el amargo sabor de la última, y cuando al fín la venció el sueño y su melena de azafrán me cubría el pecho, tuve la sensación de haber hecho el amor en un precipicio de cristales.

Dicen que el ochenta por ciento del cuerpo humano es agua; a veces no es cierto; el ochenta por ciento de Edgar Allan Poe era ginebra y el ochenta por ciento de Mike Tyson es asfalto. El ochenta por ciento de aquella mujer era aire; probablemente la bolsa de la compra pese más que élla; cualquiera que la viera acurrucada en la cama, la confundiría con un montoncito de leña. Sea como fuere, no volví a verla. No sé qué fué de élla...no sé qué fué de mí.

La teoría del Dr. Plitz



Muchacho, muchacho...vienes a mí con los ojos resecos y la voz quebrada (¿o era con la voz reseca y los ojos quebrados?. Me cuentas que tu novia se ha marchado sin pagar la claúsula de rescisión; que la mujer que iba a compartir contigo el Libro de Familia te ha dejado: que ni te imaginabas que las relaciones tuvieran fecha de caducidad (como un yogur); que no sabes si podrás acostumbrarte a la ausencia de aquellas caderas que ahora anhelas (porque ya no las tienes).No te preocupes demasiado; no eres el primer hombre agobiado por la sensación de estar flotando a duras penas en una inmensa taza de water, cuando alguien llega, tira de la cadena y se va. Puedo anticiparte sin temor a equivocarme que vas a pasar (o a sufrir) ( o a gozar) las siguientes fases: Negación, Hundimiento, Palizas, Desfase y Aceptación, descritas a principios del siglo XX por el eminente psicólogo austríaco Cornelius Plitz, autor de ensayos como "El complejo de Edipo y los agentes de seguros", "La eyaculación precoz como forma de rebeldía antisocial" o el celebrado "Gallinas: el porqué de su mala fama". Luchador infatigable, el Dr. Plitz murió en Viena en 1924, cuando intentaba demostrar su teoría de que es posible masturbarse en el agua sin saber nadar. Decía nuestro héroe que todo hombre abandonado por su pareja, desarrolla ipso facto los siguientes estadios:


NEGACIÓN: No, no puede ser, esto no me está pasando a mí. Después de tanto tiempo no puede dejar de quererme de la noche a la mañana. Ya comprendo, quiere darme un escarmiento, asustarme. Seguro que en un par de horas suena el teléfono y me grita que me ama locamente, que no puede vivir sin mí.


HUNDIMIENTO: Cielos, han pasado quince días y no me ha llamado, la cosa va en serio. ¡me ha dejado! (sollozos). No merece la pena vivir sin élla (lloriqueos). ¡Me suicidaré) (como mucho, se cortará las uñas de los pies).


PALIZAS: Como lo oyes, me ha dejado, a mí, que hubiera (o hubiese) hecho cualquier cosa por élla. Tú sabes bien que nadie la querrá como yo. Por cierto, ¿la has visto? ¿iba con alguien?. Bueno, que conste que no me ha dejado por otro, que yo de cornudo nada, ¿eh?. Toma otra cerveza, colega. Yo aún la quiero...oye, ¿me estás escuchando? ¿dónde vas?


DESFASE: ¡Al carajo!. Estoy harto de sufrir; me voy a correr unas juergas impresionantes. Si no vuelve, élla se lo pierde. Me enrollaré con montones de tías; se morirá de celos, y cuando regrese suplicando mi perdón, quizás sea yo quien no quiera ¡JA JA JA JA! (carcajada patética).


ACEPTACIÓN: Joder, qué resaca. Llevo tres semanas saliendo todas las noches, gasto un montón de pasta, voy a currar medio dormido, me destrozo el hígado y (además) no me como una rosca. Estoy haciendo el idiota, no puedo continuar así. Al fín y al cabo la vida sigue, con o sin élla. Tengo que pasar página.


En resumen, amigo mío, si quieres evitarte comeduras de coco, unas cuantas borracheras, que tus amigos huyan al verte llegar, perder tiempo y dinero, y -sobre todo- si quieres ahorrarte unas dosis de inútil autocompasión mientras la gente comenta a tus espaldas que das pena, sáltate las cuatro primeras fases. Recuerda cómo acabó el Dr. Plitz.

4 de septiembre de 2008

Mujer a bordo



Era febrero y algo cambiaba en tu interior. Un buen día, el tipo del otro lado del espejo te devolvió una mirada más huidiza de lo habitual y entonces lo supiste: aquella mujer había anidado en tu corazón y ahora la llevabas a bordo. Se iban derrumbando las semanas mientras buscabas en cada uno de sus gestos alguna señal donde adivinar que eras correspondido; cada sonrisa que desgranaba su boca alimentaba la esperanza de que fueras tú el causante de su insomnio.

Pronto supiste que no. Entre sus planes más inmediatos no figura el compartir contigo su dulzura, ni su llanto, ni su fiebre, ni su prisa. Que no te invada la desolación de creer que lo único que posees son sueños amputados. No te rindas, muchacho, demuéstrale quién eres. No supliques, pero no bajes los brazos.

Todos tenemos derecho a una oportunidad, todos tenemos derecho a tener alguien especial a quien echar de menos mañana. Vuélcate en esa mujer, descárgale tu ingenuidad, tu pánico, tu esperanza, tu miseria...

Quizá algún día veas en su rostro ese destello mágico que hace estallar la tormenta, y te cogerá de la mano, amigo, y le dareis la espalda al miedo, y tu piel descarrilará en las sábanas agresivas de unos labios sinceros.

Haz que sepa que podrá arrojarse en marcha de tus brazos y salir ilesa, que podrá podarte del árbol de su recuerdo sin que amenaces con suicidarte.

Merece la pena luchar por élla; de lo contrario, el tiempo se llevará la solemne fascinación que hoy te hace desear que te crucifiquen a esa muchacha, y cuando la veas grapada a los labios de otro tipo, te sumirás en la zozobra de no haberlo intentado

No hay camino al paraíso



Cada vez te resulta más difícil encontrar una vena en la que descargar el esbelto hilo de fuego de la jeringuilla. Salpicado de una epidemia de pinchazos, tu cuerpo no opone casi resistencia. Ya no recuerdas cuándo diste el paso definitivo, cuándo tomaste la decisión de encogerte de hombros ante una vida hostil. Dentro de poco serás un espectro inmóvil acuciado por la urgencia de un gramo de rutina, de un aguijón de esclavitud, de una chispa de rendición. Te asomaste al balcón de tus cicatrices y decidiste colgarte de esas nubes que -de lejos- parecían de porcelana y resultaron ser lápidas de soledad.

No sé si regresarás algún día de esas nubes que cabalgas, no sé si quieres hacerlo; es tu problema. desde luego, yo no voy a juzgarte ni a ofrecerte hipócritas lecciones de moralina.

Te ví hace unas noches en aquel solar y arrodillaste la mirada cuando pasé a tu lado. No soy mejor que tú, amigo; no me debes nada. Los caminos al éxtasis están redactados con caligrafía extraña, y cada uno sólo es libre de destrozarse la vida como quiera. pero el camino que nos lleva no siempre sirve para volver, por éllo deberías reflexionar en primera persona. Piensa si utilizas al "jaco" o si él te utiliza a tí. piensa si merece la pena pagar un alquiler tan caro por un pedazo de cielo trucado. Piensa si estás a tiempo de coger el tren de regreso a tus sueños. Piensa si aún sabes quién eres. Piensa -sobre todo- si lo que estás haciendo lo haces libremente, si en realidad es lo que quieres hacer. Si es así, tus razones tendrás. buena suerte.