
Era febrero y algo cambiaba en tu interior. Un buen día, el tipo del otro lado del espejo te devolvió una mirada más huidiza de lo habitual y entonces lo supiste: aquella mujer había anidado en tu corazón y ahora la llevabas a bordo. Se iban derrumbando las semanas mientras buscabas en cada uno de sus gestos alguna señal donde adivinar que eras correspondido; cada sonrisa que desgranaba su boca alimentaba la esperanza de que fueras tú el causante de su insomnio.
Pronto supiste que no. Entre sus planes más inmediatos no figura el compartir contigo su dulzura, ni su llanto, ni su fiebre, ni su prisa. Que no te invada la desolación de creer que lo único que posees son sueños amputados. No te rindas, muchacho, demuéstrale quién eres. No supliques, pero no bajes los brazos.
Todos tenemos derecho a una oportunidad, todos tenemos derecho a tener alguien especial a quien echar de menos mañana. Vuélcate en esa mujer, descárgale tu ingenuidad, tu pánico, tu esperanza, tu miseria...
Quizá algún día veas en su rostro ese destello mágico que hace estallar la tormenta, y te cogerá de la mano, amigo, y le dareis la espalda al miedo, y tu piel descarrilará en las sábanas agresivas de unos labios sinceros.
Haz que sepa que podrá arrojarse en marcha de tus brazos y salir ilesa, que podrá podarte del árbol de su recuerdo sin que amenaces con suicidarte.
Merece la pena luchar por élla; de lo contrario, el tiempo se llevará la solemne fascinación que hoy te hace desear que te crucifiquen a esa muchacha, y cuando la veas grapada a los labios de otro tipo, te sumirás en la zozobra de no haberlo intentado
2 comentarios:
Es cierto, nunca debemos de dejar de luchar por nuestros sueños.
Y si no los conseguimos siempre sabremos que al menos lo intentamos.
Las personas que consiguen lo que anhelan siempre son valientes y luchadores, nunca cobardes ni pusilánimes.
Bonito blog. Ánimo y sigue así
Hola, me ha encantado tu relato y los otros también tanto como tu ciudad que tuve oportunidad de conocerla durante el rodaje de Los Girasoles ciegos. Espero volver alguna vez, porque me enamoré de Orense.
Sigue escribiendo con tanta sencillez y vida. Dánae
Publicar un comentario