4 de septiembre de 2008

No hay camino al paraíso



Cada vez te resulta más difícil encontrar una vena en la que descargar el esbelto hilo de fuego de la jeringuilla. Salpicado de una epidemia de pinchazos, tu cuerpo no opone casi resistencia. Ya no recuerdas cuándo diste el paso definitivo, cuándo tomaste la decisión de encogerte de hombros ante una vida hostil. Dentro de poco serás un espectro inmóvil acuciado por la urgencia de un gramo de rutina, de un aguijón de esclavitud, de una chispa de rendición. Te asomaste al balcón de tus cicatrices y decidiste colgarte de esas nubes que -de lejos- parecían de porcelana y resultaron ser lápidas de soledad.

No sé si regresarás algún día de esas nubes que cabalgas, no sé si quieres hacerlo; es tu problema. desde luego, yo no voy a juzgarte ni a ofrecerte hipócritas lecciones de moralina.

Te ví hace unas noches en aquel solar y arrodillaste la mirada cuando pasé a tu lado. No soy mejor que tú, amigo; no me debes nada. Los caminos al éxtasis están redactados con caligrafía extraña, y cada uno sólo es libre de destrozarse la vida como quiera. pero el camino que nos lleva no siempre sirve para volver, por éllo deberías reflexionar en primera persona. Piensa si utilizas al "jaco" o si él te utiliza a tí. piensa si merece la pena pagar un alquiler tan caro por un pedazo de cielo trucado. Piensa si estás a tiempo de coger el tren de regreso a tus sueños. Piensa si aún sabes quién eres. Piensa -sobre todo- si lo que estás haciendo lo haces libremente, si en realidad es lo que quieres hacer. Si es así, tus razones tendrás. buena suerte.

No hay comentarios: